Hay relojes que siguen las reglas y otros que las cambian. El Audemars Piguet Royal Oak pertenece al segundo grupo.
1972: una apuesta arriesgada
En plena crisis del cuarzo, Audemars Piguet encargó al diseñador Gérald Genta un reloj deportivo de lujo… en acero. El resultado se presentó en la Feria de Basilea de 1972: el Royal Oak ref. 5402ST, con 39 mm de diámetro —enorme para la época—, unos 7 mm de grosor y el calibre automático 2120.
Su bisel octogonal con ocho tornillos hexagonales visibles, el brazalete integrado y la esfera «Tapisserie» rompían con todo lo anterior. Y su precio, 3.300 francos suizos, era varias veces el de un Submariner de la época. Muchos pensaron que era una locura pagar tanto por un reloj de acero.
El nacimiento de una categoría
El tiempo dio la razón a Audemars Piguet. El Royal Oak abrió la puerta al «reloj deportivo de lujo en acero» y abrió el camino a modelos como el Patek Philippe Nautilus (1976), también diseñado por Genta.
El Royal Oak hoy
Royal Oak «Jumbo» Extra-Thin 16202ST: heredero directo del 5402, con 39 mm y el calibre 7121.
Royal Oak Selfwinding 41 (15510ST): el modelo de tres agujas más reconocible.
Royal Oak Chronograph y Royal Oak Offshore: versiones más deportivas y robustas.
En el mercado de segunda mano, Audemars Piguet se mantiene firme: según los datos de WatchCharts que recogía Forbes en mayo de 2026, sus precios subieron alrededor de un 5 % en un año, con el Royal Oak como referencia más buscada de la marca.
¿Por qué sigue enamorando?
Porque combina un diseño inconfundible, un acabado de alta relojería —biselados, satinados y pulidos que cambian con la luz— y una historia que demuestra que el lujo no depende solo del material, sino de la idea.
¿Buscas un Royal Oak? Tenemos varias referencias en catálogo. Escríbenos y te asesoramos.

